Hubo un tiempo, no hace mucho, donde algunos de los líderes mundiales eran reconocidos por sus valores morales y humanos. Donde se ensalzaban conceptos como paz, justicia, igualdad… Martin Luther King, Malcom X, Gandhi, entre algunos de los más populares. Pese a que hay otos muchos que no tienen nombres tan conocidos, forman igualmente parte de ese colectivo de personas que contribuyeron a transformar sociedades enteras, países, continentes, y que fueron decisivos en el camino para llegar al mundo que nos toca vivir aquí y ahora. Un mundo que tiene sus pros y sus contras. El Yin y el Yang.
Definitivamente un mundo y una realidad con muchos fallos. En la parte occidental del globo, se prometía desde los medios de comunicación, escuelas y universidades, el sueño americano como objetivo accesible a todo ser humano en una sociedad avanzada y educada. Hogar, sanidad, educación, ocio, prosperidad, evolución cultural… La televisión anunciaba coches y chalets en la montaña, y los bancos ofrecían préstamos para acceder a estos productos. Desde entonces hasta ahora muchas cosas han cambiado, pero siempre ha podido percibirse una clara intención por parte de unos pocos, que tratan de hacerse con toda la riqueza posible para conservar el poder, generando desigualdad y pobreza. Y el resto, la ya casi desaparecida clase media y “los de abajo”, que trata de vivir más o menos según las, normas, derechos y obligaciones, recogidas en constituciones y leyes, establecidas cuando había una real o aparente separación entre los poderes político, legislativo y judicial, y modificadas posteriormente por gobiernos distópicos, a base de decretos, legislando desde el ejecutivo, cosa inadmisible en democracia. Imponiendo leyes injustificables, pero justificadas por una artificial “crisis sanitaria” y estados de alarma ilegales. Poniendo más al descubierto la no existencia de la separación de poderes necesaria para esa tan ansiada salud democrática.
Antes, los medios de comunicación (Los actuales medios de propaganda de las élites) informaban más o menos, aunque siempre partidistas, según su línea editorial y según quien estuviera en el gobierno. En las carreras de periodismo se enseñaban conceptos como la “objetividad informativa”. Había debates en televisión sobre los temas más candentes de la actualidad, en horarios adecuados para la audiencia. Había debate político y el congreso no parecía ser una representación de un guión malo de telenovela. La mayoría de los médicos trataban de curar enfermedades, los cuerpos de seguridad en proteger más o menos a los ciudadanos. Los jueces hacían aparentemente su trabajo. Y durante un tiempo hubo una libertad de expresión desbordante, a veces hiriente e incluso inmoral para según qué observador, pero libertad de expresión al fin y al cabo. Había una clara y aceptada vocación de persecución de delitos de lesa humanidad, y se protegían los derechos humanos, en la medida de lo posible. Las instituciones funcionaban y aquí presumíamos de tener uno de los mejores sistemas de salud del mundo. Las personas se distinguían por sus peculiaridades y características propias e individuales. Y podían usarse las capacidades individuales para progresar, para crecer y dejar un legado cultural. Convivían inevitablemente, la inteligencia con la estupidez, el amor con el odio, la suerte con la desgracia, el blanco con el negro, el yin con el Yang.
No, no queremos decir desde EOP que cualquier tiempo pasado no fue mejor, ya que el futuro depende de nosotros. Y el presente siempre tendrá fallos, trabas, trampas y obstáculos que debemos superar a nivel individual y colectivo. Si no, qué gracia tendría esto de vivir. Sin esos problemas, sería imposible avanzar. Y ahora estamos aquí, en este punto, en una gran trampa, donde unos pocos han decidido llevar a cabo una agenda vertiginosa y vergonzosa, contraria a la naturaleza y a los derechos humanos universales, usando una herramienta tan poco ética, como el dinero que ellos mismos fabrican. Pagando, comprando a través de fondos de inversión o empresas privadas a medios de comunicación y gobiernos de países soberanos e instituciones grandes o pequeñas, con fines oscuros para la humanidad, o lo que quede de ella. Y van ya sin cortarse un pelo, cuando además se saben descubiertos. El maldito informe, pensarán algunos. Y ahora claro, a abandonar el barco por un lado, que se nos hunde, y por otro, acelera que nos pillan. “No nos vamos a olvidar de vosotros”, decía esta mañana una señora viendo al exministro Illa en la pantalla de una cafetería.
El Yin y el Yang, que no es malo ni bueno, sino opuestos que conviven, nos da una gran lección aquí, y sobre todo una gran oportunidad. El hecho de este ataque en sí contra la humanidad, nos da la oportunidad de posicionarnos como seres humanos libres y soberanos de nuestro destino. Es la oportunidad para acabar de una vez por todas con este minoritario y escaso grupo de miserables con poder, pero sin autoridad ni legitimidad alguna, que ejercen un totalitarismo milenario y que son lacayos de no sabemos qué cosa o quién , y que más torpes que nunca, intentan esclavizar de nuevo a la humanidad, y acabar con esa parte de ella que defiende los valores, derechos y principios morales éticos y humanistas que deben guiar a la civilización en su evolución natural.
Por eso hoy más que nunca se hacen necesarias las palabras y las opiniones libres de personas que luchan por la libertad y los derechos individuales, como Luis de Miguel Ortega, al que agradecemos su generosidad al compartir sus valiosos puntos de vista con nuestra audiencia.
EOP